No podemos negar que hemos estado en alguna situación en dónde la emoción que predomina es el enojo y, en muchos casos, las consecuencias no son gratas, lo que hace que sentirlo se vuelva un tabú en nuestras vidas.

Pero esta es una emoción humana totalmente normal y por lo general, saludable. Sin embargo, cuando perdemos el control de esta emoción, puede ocasionarnos muchos problemas en el trabajo, en las relaciones personales y en la calidad general de vida. Puede hacernos sentir como si estuviéramos en un barco sin timón, a merced de una emoción impredecible y poderosa.



¿Qué es el enojo?

El enojo es un estado emocional que varía en intensidad. Va desde una irritación leve hasta una furia e ira intensa. Como otras emociones, está acompañada de cambios psicológicos y biológicos. Cuando te enojas, tu cuerpo responde aumentando tu frecuencia cardíaca y presión arterial y lo mismo sucede con tu nivel de hormonas de energía, adrenalina y noradrenalina.

Lo importante de enojo es la causa: sucesos externos o internos. Tu podrías enojarte con una persona específica (como un familiar o amigo) o por algo ocurrido (un día lluvioso o un resultado de tu equipo favorito), pero algunas veces el enojo puede ser causado por estar preocupado debido a tus problemas personales.

¿Cómo expresarlo?

Instintivamente expresamos el enojo de manera agresiva ya que es una respuesta natural que se adapta a las amenazas, e inspira sentimientos intensos, con frecuencia agresivos, y conductas que nos permiten luchar y defendernos cuando nos sentimos atacados. Por lo tanto, para sobrevivir es necesario un determinado grado de enojo.

Pero en la vida cotidiana no podemos atacar físicamente a cada persona u objeto que nos irrita o molesta. Las leyes, las normas sociales y el sentido común imponen límites respecto de cuán lejos podemos permitir que nos lleve nuestro enojo.

Expresar tus sentimientos de enojo con firmeza pero sin agresividad es la manera más sana. Para hacerlo, tenemos que aprender a dejar en claro cuáles son sus necesidades y cómo realizarlas sin lastimar a otros. Ser firme no significa ser prepotente ni exigente; significa respetarse a sí mismo y a los demás.

El control de las emociones es la clave: Si no puedes deshacerse de las cosas o personas que te provocan enojo, ni evitarlas o cambiarlas, puedes aprender a controlar sus reacciones.

El enojo se considera a menudo como algo negativo aún cuando es la emoción más normalizada, ya que es la única que ante la sociedad no nos hace ver cómo “débiles”. Como resultado, no aprendemos cómo manejarlo o canalizarlo constructivamente.

Es mejor descubrir qué es lo que desencadena tu ira y luego desarrollar estrategias para evitar que esos factores desencadenadores te hagan perder el control.


¿Necesita ayuda?

Si sientes que tus niveles de enojo están realmente fuera de control, si está afectando tus relaciones y partes importantes de tu vida, puedes considerar la asesoría para aprender a manejarlos mejor. Un psicólogo puede trabajar contigo en el desarrollo de varias técnicas para cambiar tu pensamiento y conducta.

Cuando estés en terapia, expresa los problemas sobre los que deseas trabajar y te ayudará a conectarte con tus sentimientos y expresarlos de manera asertiva.