Dentro de las redes sociales es probable que te hayas topado con la siguiente frase “Lo que no se verbaliza, se somatiza” pero ¿a qué se refiere?

La mayoría de las veces solemos creer que los dolores físicos responden a una causa orgánica y en raras ocasiones nos ponemos a considerar que puede ser algo emocional.

La somatización es la expresión de factores psicológicos o emocionales como síntomas físicos es decir: la somatización constituye un medio para que el organismo se proteja del sufrimiento psicológico.

Entonces, somatizar, implica que el cuerpo expresa a través de molestias físicas una angustia emocional no liberada.

Como ya sabemos, existe una interrelación entre mente, cuerpo y emoción.



El ritmo de vida diario en la sociedad actual puede llevarnos a experimentar una gran cantidad de estrés; y las preocupaciones (laborales, familiares, etc.) pueden llevarnos a experimentar emociones negativas o desagradables. Estos tres componentes se retroalimentan, de manera que el estrés puede llevarnos a experimentar emociones desagradables, dichas emociones pueden retroalimentar las preocupaciones, etc.

La somatización es una alerta para expresarnos un malestar en nuestra forma de vida. Sucede que muchas veces nos obligamos inconscientemente a vivir y pensar erróneamente quizá por encajar con los demás o por evitar conflictos externos. Pero las manifestaciones físicas  nos recordarán constantemente que estamos en el camino equivocado.

En el lenguaje cotidiano, hablamos de somatizar cuando asociamos una reacción física a una situación estresante, angustiosa, restrictiva, etc.

Por ejemplo la  tensión puede hacer a algunas personas desarrollar dolor de cabeza, espalda, pecho, etcétera, sin que un motivo físico externo esté causando  dolor (es decir alguna caída, golpe o padecimiento orgánico) Además de lo ya mencionado, estos son algunos ejemplos comunes de la somatización: temblar, sudar, latidos acelerados del corazón, dolor de pecho, urticaria, dolor en el cuello u hombros .  Incluso  náuseas, vómitos y mareos, las situaciones son numerosas.


¿Cuáles serían las personas más propensas?

No hay una edad, sexo, género o creencia que determine que tal o cuál persona puede estar somatizando. Es igual en niños o adultos. Uno de los factores significativos sería percibirse con pocos o ningún recurso/capacidad para afrontar la realidad,  o el poder expresar sus preocupación/emoción, etc.

En general, una situación no resuelta del pasado o un choque emocional violento puede desarrollar en el individuo una somatización que se activará en cada situación similar a lo vivido despertando la intensidad emocional inicial y muchas veces de forma inconsciente.

También puede ser un trauma distante que se reactiva y amplifica según las situaciones de la vida del individuo. Porque si no se escucha el mensaje del cuerpo y se continúa viviendo de manera inapropiada, o se aceptan ciertas cosas que no hacen bien entonces el cuerpo activará las banderas rojas: somatizando.



¿Cómo dejar de somatizar?

Es importante pararte a pensar en cómo te sientes y los motivos que han podido llevar a que experimentemos esos sentimientos.

Expresa lo que sientes. Sólo el poner palabras a los conflictos internos alivia el malestar.

Una vez identifiques de dónde viene el malestar, es importante tratar, en la medida de lo posible, de evitar las situaciones generadoras de estrés.

Involúcrate en actividades que resulten beneficiosas para tu bienestar emocional puede ser de gran ayuda. El apoyo social es muy importante.

Apuesta por un estilo de vida saludable. Por ejemplo, el ejercicio físico, puede ser de gran ayuda para mejorar tu estado de ánimo, aliviar preocupaciones y estrés.

El proceso puede ser complicado si lo vives de forma solitaria. Siempre estamos en la disposición de poder apoyarte a mejorar a través de la terapia.