La lucha con tu propia cabeza
Recordemos el momento en el que Simone Biles, finalizó torpemente un salto en la competición por equipos de los Juegos Olímpicos. Piensa en sí, después de ese salto, y de la decisión de Biles de retirarse del resto de la competición y de su participación individual, se hubiera dicho que se había torcido el tobillo y que físicamente le iba a ser imposible competir.
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| FOTO: EMILEE CHINN / GETTY IMAGES |
La reacción universal sería de conmoción, decepción e incluso tristeza, tanto por no poder competir como por no poder verla competir. Porque todos entendemos que si algo anda mal en su cuerpo, entonces, por supuesto, no podría competir, pero quizá sus redes se habrían inundado de frases de apoyo, asegurándole que siempre hay la posibilidad de calificar en los próximos juegos.
Ahora consideremos lo que sucedió realmente.. A raíz de su decisión de retirarse de la competición por equipos, se reveló que lo hizo por razones de salud mental: “Siempre que te encuentras en una situación de gran estrés, pierdes el control”, explicó Biles a los periodistas. “Tengo que centrarme en mi salud mental y no poner en peligro mi salud y mi bienestar. Es terrible cuando te peleas con tu propia cabeza”.
La reacción, al menos en algunos rincones, fue increíble: estaba defraudando a su equipo. Se estaba defraudando a sí misma. Simplemente tenía que aguantar y las cosas mejorarían. Hubo comentarios desatinados e hirientes en redes sociales, incluso de deportistas de otras disciplinas.
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Foto: Gregory Bull / AP |
Lo que la salida de Biles pone de manifiesto es la enorme brecha existente entre la forma en que pensamos y tratamos las enfermedades físicas y mentales. Y nuestra continua, y demostrablemente falsa creencia de que ambas no están interrelacionadas.
¿Qué nos hace pensar de esta manera? La sociedad está en una transición importante que está permitiendo tener una mayor apertura en el tema de la salud mental, pero no basta sólo reconocer la existencia de las enfermedades mentales, sino también darles el peso real que tienen en el desempeño de nuestras actividades. No hay peor guerra que la que se tiene con nuestros propios pensamientos.
Quizá muchas personas puedan señalar a Simone como alguien frágil, pero quienes trabajamos con la salud mental estamos agradecidos por el valor que significó alzar la voz, no solo en su nombre, sino en nombre de todos los que día a día tienen que ir por delante de sí mismos.

